1908
Cerealina Fosfatada
Harina de cereales y arrow root
Eduardo Fernández
Caracas

De tecnología, trabajadores, libre competencia y nación
La exposición "De alimento, marcas y registros. Venezuela, 1877-1929" puede verse como un conjunto de huellas pretéritas sobre un camino hacia la modernidad que apenas se comenzaba a transitar por aquellos años en el país. El período que abarca la muestra se inserta en el primer intento sistemático de modernización del país realizado por Antonio Guzmán Blanco y culmina durante la dictadura de Juan Vicente Gómez.
La publicidad de una de las marcas registradas a finales del período puede guiar un breve repaso por las realidades y aspiraciones de aquella época.
Veámoslo.
El 13 de agosto de 1927 aparece en una revista caraqueña el aviso de un empresario ofreciendo bombones y tabletas elaborados en una fábrica que cuenta con "todos los adelantos modernos y con un tren de maquinarias de las más perfectas que existen". Por si ello no bastara, para convencer a sus potenciales clientes, informa que la "elaboración de los productos está encomendada a dos competentes técnicos de Turín, Italia que poseen larga práctica en la industria de la chocolatería".
Días después, en otro anuncio, el gancho publicitario cambia de eje, más que ofrecer, solicita: quita el énfasis puesto en las virtudes ajenas y lo coloca en las propias. En el rótulo inscribe la siguiente sentencia: "Proteger la industria nacionales contribuir al engrandecimiento de la Patria". De seguidas afirma que la excelencia de su producto consiste en ser "genuinamente nacional", por tanto "debe consumirse en el hogar".
Vistos desde la actualidad, aquellos anuncios no expresan mas que los esfuerzos de un fabricante por ganarse el favor del público. Sin embargo una lectura detenida puede mostrarnos unos signos novedosos en el país, expresiones de un sueño del siglo XIX que apenas se vislumbra a finales de esa centuria y principios de la próxima; andamios para un escenario de estreno que sólo será posible cuando irrumpe a plenitud la riqueza petrolera.
Allí están presentes algunos de los elementos que caracterizarán la inserción de Venezuela en el proceso de modernización que estaba viviendo Europa occidental y los Estados Unidos desde la segunda mitad del siglo XVIII y, sobre todo, a partir de la siguiente revolución industrial a finales del siglo XIX.
Tecnología
Lo primero que salta a la vista, en la lectura propuesta, son esas máquinas modernas, posiblemente traídas de Europa, es decir, la tecnología importada. El esfuerzo modernizador llevado a cabo bajo el Guzmanato (1870-1888) representó el máximo y más sistemático intento de entrar en la modernidad, concebido, en principio, para una sociedad agroexportadora y de monocultivo. El más emblemático símbolo de la modernidad del transporte, el ferrocarril, tenía como fin transportar productos tradicionales (especialmente café) e importar productos manufacturados. Por supuesto que existen iniciativas empresariales y medidas gubernamentales tendientes a favorecerlas; la ley de marcas de fábrica de 1877 es expresión de ello. Sin embargo, la sociedad venezolana no había generado factores que dinamizaran su economía, ni había entrado en franco proceso de industrialización. Habrá que esperar la década de 1920 y la explotación de hidrocarburos como factor impulsor de la economía, para que la imagen de progreso, representada entonces por los Estados Unidos, se instale en la mentalidad colectiva. El empresario de chocolates que ha importado unas máquinas para modernizar su fábrica es expresión de un proceso material y mental que apenas inicia.
Observar que en 1936 Venezuela tiene 8.000 empleados, la mayoría de ellas dedicadas a productos de consumo corriente, y que en conjunto, el sector industrial ocupaba unos 50.000 trabajadores; considerar esas cifras a la luz de los 9 millones de asalariados que tenía la industria estadounidense para 1920 y los 62 millones de dólares que generaban los artículos que producía, puede hacernos entender el desfase del país respecto al ritmo modernizador en una sociedad industrializada.

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